Activismo menstrual: qué es y por qué lucha

 

A pesar de que una mujer puede llegar a usar más de 20.000 compresas, protegeslips y tampones y del negocio que genera su consumo. Aunque nos viene la regla cada mes durante una media de 35 años. A pesar de todo, y pese a todo, la regla sigue siendo un tabú para muchas mujeres y un tabú aún más grande para muchos hombres.

La información veraz, visible y normalizada sobre la menstruación ha sido anestesiada desde hace siglos y los efectos de esta anestesia aún persisten en muchos ámbitos. Para luchar contra ello, en los 1970 y 1980 surgió un movimiento inédito, una revolución. Hablamos del activismo menstrual, que irrumpió con un objetivo: desafiar la autoridad médica y socialmente aceptada y empoderar a las mujeres para tomar control de su menstruación y su salud. En esta revolución, Canadá y EEUU marcaron los primeros pasos. Hoy el activismo menstrual es ya una realidad reforzada en los últimos años en todo el mundo. Su existencia, como la de cualquier lucha, evidencia que hay injusticia. O varias.

Buceando por Internet nos hemos encontrado con un el artículo ‘Breve Historia del Activismo Menstrual’, extractado de: “Our Revolution Has Style”: Contemporary Menstrual Product Activists “Doing Feminismin the Third Wave por Chris Bobel. En él, hemos descubierto que, desde que irrumpieron en escena, las activistas menstruales comparten, entre otras, dos grandes preocupaciones comunes sobre la industria de la higiene femenina:

 

1.- Salud: desde el principio, las activistas mostraron su preocupación por el impacto en la salud asociado con el proceso de blanqueado usado para hacer productos ‘más blancos que el blanco’, así como materiales como el rayón. ¿Sabías que en EEUU surgieron campañas a nivel nacional como “Tampaction” (antes conocida como la campaña “Dioxin Out of Tampons”)? Esta campaña cuestionaba que los fabricantes de tampones fabricaran sus productos completamente libres de dioxina, ya que hasta entonces no se había demostrado que su uso no fuera tóxico. La premisa es de una lógica aplastante: ¿para qué correr riesgos cuándo se trata de la parte más absorbente del cuerpo? No podemos estar más de acuerdo.

2.- Medio Ambiente: en segundo lugar, la devastación ambiental que conlleva el uso de productos no-biodegradables. Centenares de miles de compresas y tampones, así como sus envases, terminan en vertederos, alcantarillas y plantas de tratamiento de agua. Las activistas menstruales creen que esta cantidad de desechos y su composición es irresponsable e innecesaria.

Dos cuestiones, dos realidades que, además, nos definen como empresa preocupada por la salud de la mujer y por la del medio ambiente.

En próximos post seguiremos abordando el activismo menstrual. Su lucha por una experiencia menstrual afirmativa y positiva desde algunas de sus cabezas visibles; artistas, escritoras, psicólogas…

Desde Farmaconfort nos unimos 100% al fenómeno que quiere convertir las promesas de discreción en poder y visibilidad. Porque la información es precisamente eso, poder.

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