Otoño: la estación premenstrual

septiembre 30, 2016

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Si tuvisteis ocasión de leer los post en los que abordamos este verano las cuatro fases del ciclo menstrual, os acordareis que otoño es la estación directamente vinculada a la fase premenstrual. Coincidiendo con su llegada vamos a sumergirnos más en la magia de esta estación en la que nada es lo que parece…

Para empezar, otoño no es una estación triste. Es una estación recogida, íntima y cálida. Es cierto, las hojas se caen (y nuestro pelo), el día se contrae a una velocidad endemoniada y las temperaturas descienden… Pero no es frío, sino necesidad de recogimiento en la naturaleza. Lo mismo pasa con la regla.

Tras una estación de apertura total, el verano y su explosión de luz y vida, otoño nos envía señales inequívocas de cambio necesario y, a la vez, positivo. Lo mismo que sucede en la naturaleza tiene lugar en la mujer. Tras una fase de ‘desenfreno’ y dinamismo, nuestro cuerpo se encierra en sí mismo. Se prepara para el cambio que puede o no puede acontecer, pero para el cual se ha preparado durante las fases previas.

¿Lo ves ahora más claro? No te has dado cuenta pero estamos hechos de naturaleza 100% y la premenstruación es ‘puro otoño’: volvemos a los horarios, el orden, las rutinas… y aunque hayamos entonado más de un ‘quejío’ cuando alguien nos ha hablado de la ‘vuelta al cole’, sin duda, no deja de ser justo y necesario generar orden y calma.

Limpiamos los armarios, tiramos lo superfluo, nos equipamos de ropa más cómoda, más abrigada, más grande… claro, ¡porque vienen cambios! En nuestro cuerpo pasa exactamente lo mismo. Tras la algarabía y el júbilo de la ovulación, nuestro cuerpo pide que vayamos preparándonos para la menstruación (el invierno). Todo debe empezar a cambiar.

No obstante, mucho nos emperramos en que no se produzcan cambios en nuestro día a día. La sociedad como tal cada es menos humana-animal y más humana-robot. Las estaciones cada vez se notan menos. Nos hemos inventado el ‘cambio de hora’, en invierno ponemos la calefacción a 24º y en verano el aire acondicionado a… ¡sorpresa! 24º. En resumen, estamos poniendo frenos al cambio cuando el cambio es necesario para que la vida fluya.

Con la regla pasa lo mismo, nos centramos en estar siempre igual y en no dejar que los matices de cada ciclo menstrual se hagan presentes en nuestro día a día. Que no se note que tenemos la regla… ¡no sea que alguien le siente mal! La regla no es un obstáculo que debe ser eliminado. Es el momento de celebrar los cambios en lugar de querer anularlos. Disfrutemos del otoño, de su olor a castañas, de sus cuadernos, de sus patios de colegio llenos de niños, de las texturas de sus escaparates, de su chaqueta de entretiempo, de la vuelta del edredón… Porque el otoño no está tan mal. Y la premenstruación tampoco =)


Todo sobre mi regla (II)

agosto 10, 2016

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Como ya apuntábamos en el anterior post, lo de ser mujer no es algo que podamos reducir a 4 días al mes. ¿Eso qué significa? ¿Que durante el resto del mes no lo somos? ¿O… más bien es que no lo queremos parecer o quieren que lo parezcamos? Se acabó. Ser mujer es algo que se extiende a lo largo y ancho del mes. En concreto, de sus 28 días.

A pocas personas que sigan este blog se le escapa (quizá alguna despistada) que el ciclo menstrual dura lo mismo que el ciclo lunar: 28 días. Y que el ciclo menstrual consta de 4 fases, las mismas que el ciclo lunar. Eso convierte nuestra vida en un ciclo, un ciclo marcado por 4 lunas. Un ciclo de fertilidad que desarrolla cada una de nosotras y que nos convierte en una mujer completa y compleja: una mujer formada de cuatro mujeres, y sus respectivas necesidades y habilidades.

Seguir o pretender seguir el mismo ritmo mengua estas habilidades porque los ritmos y patrones que rigen nuestra sociedad no son capaces de nutrir esas necesidades que afloran según la fase menstrual. En su lugar, cabalgamos siempre a la misma velocidad, esperando a que lleguen ‘esos días’ (y, sobre todo, que pasen rápido).

A veces lo más preocupante de un dolor, de una reacción o de un malestar es, sencillamente, no saber de dónde proviene. Si algo puede incrementar la sensación de angustia, es el desconocimiento.

Por eso, si aceptamos que nuestro cuerpo y emociones sienten de manera diferente según cómo avanza nuestro ciclo, las molestias, los dolores, hallarán un sentido, un por qué, una razón, una explicación. En buena medida, entender su origen nos acercará a su normalización. Y en consecuencia, a nuestro bienestar.

No te pierdas el tercer y último post de ‘Todo sobre mi regla’ donde abordaremos, por fin, las cuatro fases del ciclo menstrual y su efecto en nuestras capacidades y necesidades.



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